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“NO HAY NOSTALGIA PEOR QUE AÑORAR LO QUE NUNCA JAMAS SUCEDIÓ…”

Iba cada día a querer verte en aquel parque de juegos de cemento que inventamos los niños de nuestro popular barrio . Ese que hicieron los túneles del tren que hoy pasan por el frente de nuestras casas.

Risas y miradas de niños jugaban con los días eternos de aquellos años ochenta. Aquellos que vivíamos aun ajenos a los terribles sucesos que tiñeron de sangre las calles de nuestras ciudades.

Pero tu no mirabas otros colores que no fueran los azules ojos de la niña de la otra esquina, y yo sólo quería asegurarme si aquellos recuerdos tuyos invitándome a volver juntos a casa después de la escuela , eran sólo un juego de mi loca imaginación o algo que alguna vez si sucedió.

Esperaba cada día poder volver a verte pasar por el frente de mi vereda. A esas alturas y hasta hoy, aun soy capaz de distinguir tu manera de caminar (¿es eso algo normal?).

Cuando al fin podía divisarte entre el grupo de chiquillos que corría y jugaba por ahí, yo simplemente no atinaba a decir, ni a hacer nada. Siempre imaginando que para ti simplemente no existía, porque mis ojos son tan comunes como el color de los muelles y mi piel tan morena y no blanca como la de aquella niña y como las de todas las demás que se burlaban de mi por ello… incluso tu.

Luego, con la adolescencia en su apogeo, te convertiste en alguien peligroso y comencé a verte menos y a recordarte más.

Y así transcurrieron los años. Yo hice mi vida y seguramente tu la tuya.  Muchas veces te vi, nos vimos. Me seguías poniendo nerviosa y actuaba de manera estúpida. Cosas que no tienen explicación y no la voy a buscar.

Hasta que una mañana, de un día cualquiera, cuando ya muchos otoños surcaban nuestras sienes dejando su huella indeleble del tiempo transcurrido; en ese tren que ahora corre bajo las mismas calles en las que una vez compartimos risas y juegos infantiles; tu mirada se clavó en la mía y mis pensamientos se congelaron, mi corazón se detuvo, saltándose un latido  y la nostalgia se anidó en mi pecho.

¡Fue la primera vez que lo creí cierto! ¡Que tal vez todo aquello no había sido parte de mi alocada imaginación! Y continué queriendo verte. Y te buscaba, y te encontraba pero ya tus ojos no volvieron a detenerse frente a los míos nunca más.

Luego, ya todo volvió a ser gris nuevamente. No había vuelto a verte en mucho tiempo. Hasta ayer.

No se qué sucedió, pero ayer… ayer, después de mucho tiempo volví a verte y por vez primera sonó entre tu y yo el silbato del tren muy fuerte en mis oídos dejando caer el velo de mis ojos y debo al fin reconocer que  todo debió haber sido sólo un juego de mi loca imaginación.

Jamás sabrás que fuiste el objeto de obsesión de esta pseudo aprendíz de escritora que ahora te deja ir, mientras sus musas se despiden al fin mirando tu espalda y aquella forma tan particular que tienes aún de caminar.